Wednesday, May 30, 2007

PRESENTACIÓN DE ISABEL DE LA CRUZ, DIRECTORA DE LA SOCIEDAD DE ESCRITORES DE PARRAL

Trato de abrir mis párpados/mis manos están temblando/no puedo emitir palabra/la fiebre me está llevando/los músculos de mis piernas/tiemblan/estoy sudando/abro mis ojos/grito/por fin estoy/respirando, respirando, respirando.
RESPIRANDO, es el título de la obra que con gran alegría presentamos hoy.

Para la Sociedad de Escritores es un orgullo estar en este salón en que Parral, el año 1967 reconoció a Pablo Neruda como su hijo Ilustre.

En Homenaje a los 102 años del natalicio de Nuestro Vate universal presentamos la obra de Marcela Maureira Ruiz, joven y talentosa escritora, cuyas raíces pertenecen a su Parral de Leche como bien lo expresa en su poema CUNA, por obra del destino, nació muy cerca de la casa en que naciera Neftalí Reyes Basoalto.

Los que integramos la Sociedad de Escritores sabemos que, al nacer, el primer llanto de Marcela, fue un poema, en ese entonces, nadie lo descifró, con los años ese pequeño verso se posesionó de ella y convirtió su palabra en poesía.

Parral, tiene corazón de poeta, lo confirma nuestro Poeta Mayor y nuestro poetas en ciernes-.

Mientras haya niños y niñas como lo fue Marcela que, con dulces ojos sepan observar la lluvia, el rocío, la danza que ejecutan las hojas en Otoño, traten de descifrar el lenguaje del río o, simplemente, escuchar el silencio, en ese niño o en esa niña, hay un poeta que debemos valorar, pues, son ellos los que nos reconfortan a través de sus versos y nos brindan fórmulas nuevas para enfrentar la vida.

La revista Capullo número seis, editada en Septiembre del año 1992, tiene el privilegio de contar con un texto de Marcela, cuando ella contaba con 12 años de edad.

Septiembre, banderas al viento, jolgorio, alegría, es el aniversario de la Patria.

La primavera comenzando a florecer, liberándonos de los tediosos días invernales. En el corazón de nuestra poeta en ciernes, surgió el tedio, la tristeza por la pérdida de su abuelo paterno, su dolor lo convirtió en poesía, tal vez la MUERTE DE UN VOLANTÍN fue su primera metáfora, gota a gota estampó sus sentimientos, los que entregó a su abuelo, tengo la certeza que él los recibió como una mansa caricia y creo que en el lugar en que él está, aún los atesora.

Las imágenes de ese día gris, quedaron atrás, hoy estamos reunidos aquí, para disfrutar de una poesía joven, dinámica, floreciente. En cada uno de los versos de Marcela Constanza nos entrega una belleza inigualable, la vida vivida caracterizándose por la emotividad del sentimiento que nos hará respirar y volar igual que a esta poetisa, que volará tan alto, como el volantín de su abuelo.
A continuación doy lectura al poema que la Revista Capullo publicó en su edición nº 6 en Septiembre de 1992.
Muerte de un Volantín

En septiembre había un día que ya era especial,
Trompos, cantos, empanadas, volantines a elevar.

Para mí no era un día que desease de cantar,
ya que él se había ido sin reír ya nunca más.

Era un volantín roto por los años al pasar,
era un volantín ya viejo que no deseaba volar.
En sus máquinas postrado en la tierra había de estar.

Nosotros somos trompos que nos queda por rodar,
Y muy lejos volantines que el tiempo ha de esperar.
En la carga de los años ya con él yo voy a estar,
Mirándolos como trompos que una vez ha de acabar.

A la muerte de mi abuelo Luis Maureira (Septiembre, 1990)

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